martes, 9 de febrero de 2016

                  El vuelo de los cóndores

Un día mientras regresaba del colegio, me detuve en el muelle, para ver el circo que había desembarcado, pude ver al payaso, al domador. Pues acompañamos a la delegación, hasta que cogieron su cochecito rumbo a su hospedaje, de pronto una mano toco mis hombros, era mi hermano Anfiloquio, que me preguntaba, por qué no había ido temprano a casa, porque ya estaba oscureciendo. Al llegar vi a mi madre muy enojada, luego me hablo dulcemente, que estuvo mal que llegara tan tarde, Estando en mi cuarto, le conté a mi hermanita lo que había visto, y que el circo daría una presentación, esa noche soñé con el circo, vi desfilar al payaso, y la niña rubia.
Llegó el sábado y todos hablaban del circo, mi padre nos dio entradas para el circo, y ahí se anunciaba el extraordinario y emocionante espectáculo “el vuelo de los cóndores”. Estando ya adentro en el circo, se presentaron todos los artistas y en el centro estaba miss orquídea. Salió primero el barrista y con un gran salto mortal que hizo, cayendo sobre la alfombra, fue aclamado, salió  Mister glandys con su oso, bailó este al ritmo de la música, luego le toco al payaso; y de pronto todos exclamaron “EL VUELO DE LOS CONDORES”, luego se anunció que se repetiría la prueba, pero la niña cogió mal el trapecio, se soltó a destiempo, titubeo un poco y con un grito horrible, cayó como una avecilla herida, sobre la red del circo que lo salvo de la muerte.
Pasaron algunos días el circo seguía funcionando pero ya no daban EL VUELO DE LOS CONDORES, yo recordaba a la pobre niña, sonriente, pálida. El sábado siguiente paso el circo por la calle, pero no vi a miss orquídea, y entrando a mi cuarto y por vez primera y sin saber porque lloré, a escondida, un día mientras me iba al colegio,  por la orilla del mar, me senté a contemplar el mar, al oír unas palabra, volví la cara para ver, y vi en una terraza a miss orquídea, ambos nos miramos.
Los días siguientes regrese al noveno día ella ya no estaba en la terraza, corrí al muelle y ahí le vi llegar cogida de los brazos por mister kendall y miss Blutner, y al pasar junto a mí me dijo ¡adiós! Y entrando en el bote saco su pañuelo y lo agitó mirándome, con los ojos húmedos, y yo con la mano alzada me despedía y así la vi alejarse en el inmenso océano, hasta no verla más.